jueves, 20 de octubre de 2011

El cielo llora

Era una noche oscura. Más oscura que el miedo que sentía de caminar solo por aquella calle tan negra. Vi entonces a un niño jugando a media calle, y pude vislumbrar las luces de un automóvil acercándose cada vez más al niño, que parecía no notar el peligro de su juego infantil. Sin pensarlo dos veces, me lancé sobre el chico para que el carro no lo atropellara, y al levantarnos, la criatura se echó a llorar en mis brazos.

La madre del niño salió corriendo hacia mí y comenzó a pegarme y lanzarme escupitajos al rostro. “¿Es que acaso no entiende?” lloraba: “¡Este niño nació para morir así!”, y antes que pudiera asimilar las palabras de la señora, el chiquillo corrió a media calle y comenzó a jugar con un caballo imaginario. En ese instante, una camioneta lo embistió y pasó sobre el cuerpo de aquel inocente niño, partiéndolo en dos. 

Yo no pude sino echar mi cabeza entre mis manos, y llorar… llorar todo un cielo.

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